Peligros naturales y reducción de riesgos de desastre

Peligros naturales y reducción de riesgos de desastre

Los peligros naturales son fenómenos meteorológicos y climáticos severos y extremos que se producen en todo el mundo, si bien algunas regiones son más vulnerables a ciertos peligros que otras. Los peligros naturales se convierten en desastres cuando destruyen vidas humanas y los medios de subsistencia.

Las pérdidas humanas y materiales provocadas por los desastres son un gran obstáculo para el desarrollo sostenible. Es  posible proteger las vidas y los bienes emitiendo predicciones y avisos exactos, redactados en términos comprensibles, y educando a la población para que aprenda a prepararse frente a esos peligros antes de que se conviertan en desastres.

Las actividades de riesgo de desastres de la OMM están integradas y coordinadas con las de otras organizaciones internacionales, regionales y nacionales. Por su parte, la OMM coordina las actividades de los Servicios Meteorológicos e Hidrológicos Nacionales destinadas tanto a reducir la pérdida de vidas y de bienes mediante la mejora de los servicios de predicción y alerta temprana y de evaluaciones de riesgos, como a sensibilizar al público.

La atención está puesta en la reducción de los riesgos de desastre: un dólar invertido en la preparación para casos de desastre puede evitar pérdidas económicas cifradas en siete dólares: un significativo rendimiento de la inversión. En calidad de partes signatarias del Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2030, los Miembros de la OMM se comprometen a prevenir la aparición de nuevos riesgos de desastres y a reducir los existentes mediante la aplicación de una serie de medidas integradas e inclusivas que prevengan y reduzcan  la exposición a los peligros y la vulnerabilidad a los desastres, aumenten la preparación para la respuesta y la recuperación, y, de ese modo, refuercen la resiliencia.  Con el fin de apoyar la evaluación de los avances mundiales en el logro de los resultados  y objetivos del Marco de Sendai, se han acordado siete metas mundiales, la mayoría de las cuales tiene repercusiones directas para la OMM y sus Miembros.

Los peligros naturales ocurren en escalas temporales y geográficas diferentes, y cada uno de ellos es, a su manera, único. Los tornados y las crecidas repentinas son fenómenos violentos, de corta duración, que afectan a extensiones relativamente pequeñas. Otros, como las sequías, evolucionan lentamente, aunque pueden afectar a buena parte de un continente y a poblaciones enteras durante meses o incluso años. Un fenómeno meteorológico extremo puede entrañar múltiples fuentes de riesgo, ya sea simultáneamente o en rápida sucesión. Además de fuertes vientos y lluvias, una tempestad tropical puede ocasionar crecidas y deslizamientos de lodo. En latitudes templadas, las fuertes tormentas pueden ir acompañadas de una combinación de fenómenos como grandes piedras de granizo que causen daños, tornados, vientos fuertes o lluvias intensas que produzcan crecidas repentinas. Las tormentas de invierno, con sus fuertes vientos y nevadas o lluvias engelantes, pueden contribuir también a la aparición de avalanchas en algunas laderas de montaña y a fuertes escorrentías o crecidas durante la temporada de deshielo.

Algunos Servicios Meteorológicos e Hidrológicos Nacionales y centros especializados se ocupan de investigar fenómenos geofísicos peligrosos, como explosiones volcánicas (cenizas transportadas por el aire) o tsunamis, sustancias peligrosas en suspensión aérea (radionucleidos, sustancias biológicas o químicas), y episodios de contaminación urbana aguda.

Peligros naturales

Sequía

La sequía se produce principalmente cuando se registran precipitaciones inferiores a la media. La sequía es un fenómeno diferente de los demás peligros naturales, ya que evoluciona lentamente, a veces durante años, y su aparición puede estar enmascarada por varios factores. Las sequías pueden ser devastadoras: los suministros de agua se agotan, los cultivos no pueden crecer, los animales mueren, y la malnutrición y la mala salud afecta cada vez a más personas.

Ciclones tropicales

La OMM, junto con agencias nacionales de protección civil, ayuda a los Miembros a establecer sistemas de alerta temprana multirriesgos coordinados a nivel nacional y regional, y vela por que se que reduzcan al mínimo las pérdidas de vidas y los daños causados por los ciclones tropicales.

Los ciclones tropicales son áreas de presión atmosférica muy baja situadas sobre aguas tropicales y subtropicales, que se convierten en una enorme masa de aire circulante y tormentas, que puede extenderse por centenares de kilómetros. Se los asocia generalmente a lluvias muy intensas, que pueden provocar inundaciones generalizadas. También se los asocia a vientos dañinos o destructivos y, en el caso de los sistemas más intensos, los vientos de superficie pueden alcanzar velocidades superiores a 300 km/h. Las olas causadas por el viento, sumadas a la baja presión característica de un ciclón tropical, pueden desencadenar mareas de tempestad en las costas, es decir, descomunales masas de agua impulsadas hacia la orilla a gran velocidad y con inmensa fuerza, que pueden barrer toda estructura que encuentren en su camino y causar daños significativos al medio costero. En 1970, una enorme marea de tempestad se cobró 300 000 víctimas mortales en los humedales de las costas de Bangladesh e incluso más recientemente, en 2013, tormentas como el tifón Yolanda (Haiyan) causó en Filipinas un gran número de muertos y destrucción masiva. Cada año se producen aproximadamente 80 ciclones tropicales. Su nombre depende de la región en que se forman: se denominan tifones en el Pacífico Norte occidental y en el mar de China meridional; huracanes en el Atlántico, en el Caribe y en el golfo de México, y en el centro y nordeste del Océano Pacífico; y ciclones tropicales en el Océano Índico y en la región del Pacífico Sur. El Programa de Ciclones Tropicales de la OMM proporciona información sobre esos peligros y el Centro de información sobre los fenómenos meteorológicos violentos emite advertencias de ciclones tropicales en tiempo real.

Contaminación atmosférica

Los contaminantes son partículas y gases nocivos procedentes de la industria, los vehículos y las actividades humanas. El humo y la calima se producen como consecuencia de los incendios forestales o de pastizales, de la roza y quema de bosques, de la tala de árboles para la plantación de cultivos, o de explosiones volcánicas en condiciones atmosféricas estables. El humo, la calima y la contaminación tienen repercusiones graves sobre la salud humana y, de hecho, la población local puede verse obligada a utilizar máscaras antigás. Además, reducen la visibilidad y, por ello, pueden perturbar el tráfico por carretera y el tránsito aéreo. El smog, la lluvia ácida, el agujero de ozono y un perjudicial aumento del efecto invernadero son también fenómenos causados por la contaminación atmosférica. Las condiciones atmosféricas estables llevan con frecuencia a una concentración de contaminantes en zonas urbanas e industriales donde se registran emisiones significativas de esas sustancias. El Programa de Investigación de la Atmósfera y el Medio Ambiente de la OMM administra la Vigilancia de la Atmósfera Global, que recopila observaciones sobre los contaminantes atmosféricos.

Langostas del desierto

La langosta del desierto inflige daños en tierras de África, Oriente Medio, Asia y el sur de Europa. Cuando las condiciones meteorológicas y ecológicas favorecen el apareamiento, los insectos se ven constreñidos a ocupar un espacio muy pequeño. En ese momento dejan de actuar como individuos y comienzan a comportarse como grupo. En pocos meses se forman enjambres enormes que vuelan con el viento en busca de alimentos. Los enjambres pueden ocupar extensiones de docenas de kilómetros y avanzar hasta 200 km al día. Una pequeña parte de un enjambre normal (aproximadamente, una tonelada de langostas) ingiere en un solo día la misma cantidad de comida que 10 elefantes, 25 camellos o 2 500 personas. Las langostas ponen en peligro las vidas de millones de agricultores y ganaderos en medios ya de por sí frágiles. Las plagas de langosta que sobrevienen durante períodos de sequía o al finalizar estos pueden causar desastres todavía mayores, como sucedió en 2005 en varios países del Sahel. El Servicio mundial de información agrometeorológica (WAMIS), un sitio web patrocinado por la OMM, cuenta con una página sobre el estado del tiempo y las langostas, con información meteorológica de utilidad para la vigilancia y el control de las langostas del desierto.

Crecidas y crecidas repentinas

Las crecidas pueden producirse en todo lugar tras intensas precipitaciones. Todas las llanuras inundables son vulnerables, y las intensas lluvias y tormentas pueden causar crecidas repentinas en cualquier parte del mundo. Las crecidas repentinas pueden ocurrir también tras un periodo de sequía, cuando lluvias intensas o moderadas caen sobre terrenos muy secos y endurecidos que el agua no puede infiltrar. Las crecidas se presentan bajo distintas formas, desde las pequeñas crecidas repentinas hasta las inundaciones que cubren extensas áreas de tierra. Pueden tener su origen en tormentas muy intensas, ciclones tropicales, grandes sistemas de baja presión, monzones, obstrucciones de hielo o nieve en fusión. En las zonas costeras, las mareas de tempestad causadas por ciclones tropicales, tsunamis o ríos crecidos por efecto de mareas excepcionalmente altas pueden también causar inundaciones. Los diques y embancamientos pueden desbordarse cuando los ríos que afluyen a ellos transportan grandes cantidades de nieve en fusión. La rotura de embalses o las operaciones bruscas de regulación del flujo, como la descarga de agua para generar electricidad, pueden también ocasionar crecidas catastróficas. Las crecidas ponen en peligro las vidas humanas y los bienes en todas partes del mundo. En el último decenio del siglo XX resultaron afectados por crecidas en torno a 1 500 millones de personas.

Deslizamientos de tierras o lodo (escurrimiento de lodo)

Los deslizamientos de tierras y lodo son fenómenos locales y, por lo general, inesperados. Ocurren cuando caen intensas lluvias, se produce una rápida fusión de la nieve o hielos o un lago de cráter se desborda desprendiendo elementos vulnerables del paisaje en laderas escarpadas y, en consecuencia, grandes cantidades de tierra, rocas, arena o lodo se deslizan rápidamente ladera abajo. Las laderas de colinas o montañas desnudas o cuya cubierta vegetal se ha visto degradada por la tala o por incendios forestales o de matorrales pueden estar particularmente en riesgo. Los deslizamientos pueden alcanzar velocidades superiores a 50 km/h y pueden enterrar, aplastar o arrastrar personas, objetos y edificios. En Venezuela, en 1999, después de dos semanas de lluvias continuas, se produjeron deslizamientos de tierra y lodo en una montaña, que destruyeron ciudades y provocaron la muerte de 15 000 personas. 

Avalanchas

Una avalancha o alud es una masa de nieve y hielo que se desprende y precipita repentinamente cuesta abajo por la ladera de una montaña, por lo general arrastrando consigo tierra, rocas y escombros. Las avalanchas pueden ser muy destructoras, ya que se desplazan a velocidades superiores a 150 km/h. La masa de nieve en desplazamiento también empuja aire delante de ella, como un viento de alud con fuerza suficiente para causar importantes daños estructurales en edificios, suelos arbolados y estaciones de montaña. Cada año se producen miles de avalanchas, que se cobran la vida de una media de 500 personas en el mundo entero.

Tormentas de arena y polvo

Las tormentas de arena y polvo son nubes de arena y polvo que se elevan a veces a grandes alturas como consecuencia de vientos fuertes y turbulentos. Ocurren principalmente en partes de África, Australia, China y los Estados Unidos. Representan una amenaza para la vida y la salud de las personas, en especial aquellas que están al aire libre y lejos de todo refugio. El transporte también se ve particularmente afectado ya que la visibilidad puede reducirse a tan solo unos metros.

Extremos térmicos

Las olas de calor son particularmente mortales en latitudes medias durante los meses más cálidos del año. Se caracterizan por una serie de días consecutivos con temperaturas significativamente superiores a la media a largo plazo durante el día y la noche. La opresiva masa de aire en medios urbanos puede causar muchas muertes, especialmente entre los muy jóvenes, las personas de edad y los enfermos. Gran parte de Europa occidental resultó afectada por olas de calor durante el verano de 2003. En Francia, Italia, los Países Bajos, Portugal, España y el Reino Unido, las olas de calor se cobraron la vida de alrededor de 400 000 personas. Los períodos extremadamente fríos son también peligrosos porque pueden provocar hipotermia y agravar las enfermedades circulatorias y respiratorias de aquellas personas vulnerables a ese riesgo.

Tormentas, rayos y tornados

Las tormentas ocasionan descargas eléctricas repentinas en forma de rayo y, con frecuencia, traen lluvia y vientos racheados. Las tormentas fuertes están asociadas a todos los fenómenos siguientes o a una combinación de ellos: lluvias intensas, fuertes granizadas, vientos muy fuertes y, en ocasiones, tornados o nieve. Los tornados son un fenómeno particularmente corriente en las Grandes Llanuras de América del Norte, pero pueden producirse, y de hecho se producen, en cualquier lado, en particular en latitudes medias. Sus vientos giratorios extremadamente fuertes pueden causar grandes daños. Otros fenómenos asociados a los tornados son los vientos extremadamente fuertes que surgen de los descensos violentos del aire y las crecidas repentinas. En todo el mundo, las descargas eléctricas durante períodos secos son un factor significativo en el inicio de los incendios de bosques y praderas.

Incendios forestales

Las descargas eléctricas o las actividades humanas pueden provocar incendios masivos y devastadores durante y después de períodos de sequía en todas partes del mundo. Esos incendios destruyen bosques, praderas y cultivos, y matan ganado y animales silvestres, dañan o destruyen asentamientos y ponen en riesgo la vida de sus habitantes. 

Lluvias intensas, nieve y fuertes vientos

Las lluvias intensas y la nieve son un peligro para las comunidades vulnerables. Pueden dificultar las actividades de rescate y rehabilitación tras un gran desastre, como el terremoto de Pakistán en octubre de 2005. Causan estragos en el transporte ferroviario y por carretera, la infraestructura y las redes de comunicación. Una acumulación de nieve puede producir el desplome de los techos de edificios. Los vientos fuertes son un peligro para la aviación, los marineros y los pescadores, así como para las estructuras de cierta altura, como torres, mástiles y grúas. Las ventiscas son tormentas fuertes que combinan temperaturas inferiores al punto de congelación con fuertes vientos y ventiscas altas de nieve. Son un peligro para las personas y el ganado. Obligan a cerrar aeropuertos y hacen estragos en las carreteras y ferrocarriles.