Incendios forestales

Los incendios forestales afectan cada vez más a las comunidades, los ecosistemas y la atmósfera en todo el mundo. Impulsados por factores meteorológicos, climáticos y antropógenos, amenazan vidas, degradan la calidad del aire debido a la contaminación por humo y agravan los impactos climáticos.

Vista general

Los incendios forestales son fuegos incontrolados que calcinan bosques, pastizales, matorrales y otros entornos naturales. El tiempo, el clima, la vegetación y la actividad humana desempeñan un papel importante en su desarrollo. En muchos ecosistemas, el fuego es un proceso ecológico de origen natural, pero los incendios forestales cada vez más frecuentes e intensos causan efectos devastadores en la vida de las personas y sus medios de subsistencia, la biodiversidad, las infraestructuras, la calidad del aire y el clima. Según un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), se estima que los incendios forestales extremos aumentarán hasta un 14 % de aquí a 2030 y un 30 % de aquí a 2050. Además, decenios de datos satelitales recabados por instrumentos del Observatorio de la Tierra de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) de los Estados Unidos revelan que, en las regiones más septentrionales del norte del planeta, los incendios forestales son cada vez más frecuentes y generalizados a medida que el aumento de las temperaturas y los rayos alcanzan latitudes más altas en el Ártico.

Las consecuencias de los incendios forestales van mucho más allá de la zona quemada. Los incendios liberan grandes cantidades de partículas en suspensión y gases traza a la atmósfera, y generan penachos de humo que pueden recorrer cientos e incluso miles de kilómetros, atravesando las fronteras nacionales. Esas emisiones deterioran la calidad del aire, reducen la visibilidad, alteran las condiciones meteorológicas y modifican la composición atmosférica, de modo que exponen a las poblaciones de lugares alejados de los incendios a episodios de contaminación.  

Los avances en la observación de la Tierra, la predicción numérica del tiempo, la modelización de la composición atmosférica y los sistemas integrados de determinación del riesgo de incendio han aumentado considerablemente la capacidad para detectar incendios activos, pronosticar las condiciones meteorológicas favorables para los incendios y predecir el transporte del humo, lo que permite emitir alertas tempranas con mayor antelación y adoptar decisiones con conocimiento de causa. 

Impacto

Los incendios forestales afectan a todos los continentes habitados y se están convirtiendo en uno de los riesgos asociados a peligros naturales que más rápido crece en todo el planeta. Sus consecuencias se extienden mucho más allá de la zona quemada.

Ponen en peligro vidas, destruyen viviendas e infraestructuras y perturban los sistemas de transporte y energía, además de ocasionar cuantiosas pérdidas económicas. También emiten ingentes cantidades de humo cargado de partículas finas en suspensión (PM2,5), sustancias químicas que contribuyen a la formación de ozono troposférico nocivo y otros contaminantes. Durante incendios extremos, estas sustancias pueden alcanzar concentraciones que superan entre 10 y 20 veces los límites normales, permanecer en la atmósfera durante días o semanas, atravesar regiones y continentes y, de acuerdo con las directrices de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la calidad del aire ambiente, superar fácilmente los umbrales que garantizan un aire inocuo a las poblaciones que se encuentran a sotavento de los incendios.  

La exposición al humo de los incendios forestales se asocia a enfermedades respiratorias y cardiovasculares y entraña un riesgo especialmente elevado para las poblaciones vulnerables, en particular niños, personas mayores, embarazadas y personas con afecciones respiratorias o cardiovasculares. Cada año más de 100 000 muertes prematuras se atribuyen exclusivamente a las partículas finas del humo de los incendios forestales. La red Lancet Countdown, copatrocinada por varias entidades, ha puesto en marcha un sistema de monitoreo según el cual se produjo un pico de 154 000 muertes durante una temporada extrema de incendios. Los episodios de humo también pueden colapsar los sistemas de salud, reducir la visibilidad, perturbar las operaciones aeronáuticas y el transporte, y afectar a la agricultura, el turismo y las actividades al aire libre.

Los incendios forestales también acarrean graves consecuencias medioambientales. Pueden degradar bosques y turberas, socavar la biodiversidad, alterar las cuencas hidrográficas, aumentar la erosión del suelo y contribuir a la ocurrencia de inundaciones y deslizamientos de tierra después de los incendios. Con todo, el fuego sigue siendo un importante proceso ecológico en muchos ecosistemas, dado que, cuando se produce de forma natural, favorece la regeneración y la biodiversidad.

Respuesta de la OMM

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) contribuye a mejorar el pronóstico de las condiciones meteorológicas favorables a los incendios, la predicción del comportamiento del humo y los sistemas de alerta temprana que tienen en cuenta los impactos y, así, ayuda a los países a reducir los riesgos que los incendios forestales plantean para las personas, los ecosistemas, las infraestructuras y la salud pública.

A través del Programa de Vigilancia de la Atmósfera Global (VAG), la OMM coordina el Sistema de Evaluación y Asesoramiento para Avisos de Incendios de Vegetación y Contaminación por Humo (VFSP-WAS), una alianza internacional que brinda observaciones, pronósticos y evaluaciones coordinados de los incendios de vegetación y la contaminación por humo. El VFSP-WAS fortalece la capacidad de los países para proporcionar información oportuna sobre el peligro de incendio, la dispersión del humo y las repercusiones para la calidad del aire, contribuyendo así a la emisión de alertas tempranas eficaces y a la protección de la salud.

La OMM también es un asociado fundamental del Centro Mundial de Gestión de Incendios. Esta entidad reúne a organizaciones internacionales, instituciones científicas y organismos operacionales con el fin de fortalecer la capacidad de los países para gestionar los incendios de forma integrada mediante la puesta en común de conocimientos, el desarrollo de capacidad, la evaluación del riesgo de incendio, la emisión de alertas tempranas y el apoyo en materia de políticas.  

Además, la OMM ha establecido un Equipo Especial sobre Servicios Meteorológicos para Incendios. Su labor consiste en promover un enfoque coordinado a escala mundial en relación con los servicios de alerta temprana relativos a los incendios forestales y el humo que propicie el desarrollo de sistemas integrados de alerta temprana de peligros múltiples en todo el mundo. A través de esta iniciativa, la OMM está fortaleciendo la colaboración internacional, mejorando el acceso a datos y productos de pronóstico fundamentales y aumentando la resiliencia para reducir la vulnerabilidad a los incendios forestales y la contaminación por humo.  

En conjunto, estas actividades contribuyen a la iniciativa Alertas Tempranas para Todos y refuerzan la cooperación internacional para gestionar mejor los riesgos de incendio forestal, reducir los efectos del humo en la salud y construir comunidades más resilientes.

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Vigilancia de la Atmósfera Global
El Programa de Vigilancia de la Atmósfera Global (VAG) promueve la comprensión científica de la composición atmosférica y proporciona información fidedigna sobre ella para que los países puedan evaluar los cambios medioambientales, cumplir sus compromisos internacionales y basar sus procesos decisorios en datos empíricos.