El Niño / La Niña
El Niño y La Niña son fases opuestas de un patrón climático de origen natural conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS). Este fenómeno altera las temperaturas de las zonas central y oriental del Pacífico ecuatorial y, al mismo tiempo, conlleva cambios en la atmósfera situada sobre sus aguas.
Vista general
Al manifestarse, el fenómeno ENOS puede presentar dos fases opuestas: una cálida, conocida como El Niño, y una fría, conocida como La Niña. Entre estas dos fases puede darse también un tercer estado cuyas condiciones son neutras respecto al ENOS. Por lo general, un episodio de El Niño puede durar hasta 18 meses, y uno de La Niña, hasta tres años.
El Niño se caracteriza por temperaturas inusualmente cálidas de las aguas superficiales de las zonas central y oriental del Pacífico. Fueron los marineros y los pescadores de la región los que, al constatar que una corriente cálida provocaba una reducción de las capturas por lo general en fechas cercanas a Navidad, decidieron bautizar este fenómeno como El Niño en alusión al niño Jesús. En cambio, un episodio de La Niña se caracteriza por temperaturas inusualmente frías de la superficie del océano en la misma región y por una intensificación de los vientos en superficie predominantes que se desplazan del este al oeste.
En el océano Pacífico, las temperaturas oceánicas más cálidas de lo normal suelen conllevar condiciones típicas de El Niño, que se producen cuando los vientos alisios del este se debilitan. En cambio, temperaturas más frías de lo normal generalmente suponen condiciones compatibles con un episodio de La Niña, cuando los vientos del este se intensifican. Durante la fase neutra del fenómeno, las temperaturas oceánicas en el Pacífico tropical se mantienen cercanas a los valores normales.
La transición entre estas fases opuestas suele producirse con una frecuencia de entre dos y siete años. Por lo general, tanto El Niño como La Niña comienzan a desarrollarse entre marzo y junio y alcanzan su apogeo entre noviembre y febrero.
Los efectos de cada episodio de El Niño o La Niña presentan diferencias en función de la intensidad y la duración del evento, así como de la época del año en que se desarrolla y del modo en que interactúa con otros modos de variabilidad climática, como el dipolo del océano Índico. No todas las regiones del mundo se ven afectadas, e incluso dentro de una misma región, los impactos pueden ser diferentes. Aun cuando las condiciones son neutras respecto al ENOS pueden producirse fenómenos meteorológicos extremos.
La intensidad de un evento del ENOS es sumamente relevante, tanto si se trata de un episodio débil, moderado, fuerte o muy fuerte. La OMM no utiliza el término superepisodio para referirse a El Niño o La Niña.
Los modelos de pronóstico estacional mejorados ahora pueden predecir las pautas climáticas con una antelación de entre uno y seis meses. Al extraer tendencias de los episodios de lluvias fuertes (que pueden provocar crecidas) y las condiciones de sequía se pueden emitir alertas tempranas que ayudan a sectores sensibles al clima, como los de la agricultura y la salud, a planificar sus operaciones y, al mismo tiempo, esa información ayuda a determinar si es preciso activar los protocolos gubernamentales de emergencia y posicionar preventivamente suministros humanitarios. En conjunto, esas medidas contribuyen a proteger recursos, a evitar pérdidas valoradas en cientos de millones de dólares y a salvar muchos miles de vidas.
Desde finales de 2020 hasta principios de 2023 se produjo un episodio plurianual de La Niña, que estuvo seguido por el intenso episodio de El Niño de 2023/2024. Las condiciones neutras respecto al ENOS comenzaron entre abril y junio de 2024 y, en términos generales, prevalecieron hasta el período de septiembre a noviembre de 2025. Posteriormente, a finales de 2024 y principios de 2025, se instauraron brevemente condiciones características de un episodio débil de La Niña. A finales de 2025 volvió a producirse un episodio de La Niña, que perduró hasta principios de 2026.
Tal y como se explica en el boletín de la OMM sobre el clima estacional mundial, publicado en mayo de 2026, se está produciendo un marcado cambio de situación en el Pacífico ecuatorial: el rápido aumento de las temperaturas de la superficie del mar apunta a un probable retorno de las condiciones típicas de El Niño ya en el trimestre de junio a agosto de 2026. Los pronósticos indican que a lo largo del próximo trimestre las temperaturas de la superficie terrestre serán superiores a lo normal en casi todo el planeta, y se producirán variaciones regionales en la distribución de las precipitaciones.
Medición
Desde la década de 1980, el método de referencia para determinar la ocurrencia de un episodio de El Niño o medir su intensidad ha sido el índice oceánico de El Niño (ONI). Para determinar su valor los científicos calculan la anomalía de la temperatura de la superficie del mar en una región específica del Pacífico denominada región Niño 3.4. El promedio trimestral de la anomalía constituye el ONI. En los últimos años, y en un contexto de calentamiento global, se está imponiendo el uso de un nuevo método de medición denominado índice relativo oceánico de El Niño (RONI). Este método permite medir el calentamiento relativo, no solo el calentamiento absoluto, lo que ayuda a los científicos a evaluar si un evento de calentamiento es fruto del ENOS o se debe principalmente al calentamiento global de los océanos.
Impacto
El ENOS incide notablemente en las pautas climáticas y meteorológicas. Los episodios de El Niño alteran los patrones de temperatura y modifican la distribución de las precipitaciones en diversas regiones y, por lo general, ejercen un efecto de calentamiento del clima mundial, cuyos efectos más pronunciados se producen en el año posterior al de instauración del evento. Así pues, 2024 fue el año más cálido del que se tiene constancia debido a la combinación del intenso episodio de El Niño de 2023/2024 y el cambio climático provocado por la actividad humana a causa de los gases de efecto invernadero.
El Niño se asocia con un aumento de las precipitaciones y las inundaciones en algunas zonas de América del Sur, África oriental y el sur de los Estados Unidos; se relaciona con condiciones de sequía en el este y el norte de Australia, Indonesia, el sur de África y partes del sur de Asia como consecuencia de la disminución de la actividad monzónica; y se vincula también a una menor actividad de huracanes en el Atlántico.
La cronología de un evento dado y su intensidad pueden marcar la diferencia. Así, El Niño se asocia con un aumento de las precipitaciones en África oriental entre octubre y diciembre, lo que a menudo provoca que la denominada “temporada corta de las lluvias” sea más intensa de lo normal y, en ocasiones, llegue a ser severa. También suele estar relacionado con la ausencia de precipitaciones durante la temporada de junio a septiembre en las zonas septentrionales de la región, como el Sudán, Sudán del Sur, algunas zonas de Etiopía y la parte occidental de Kenya.
No hay indicios de que el cambio climático aumente la frecuencia o la intensidad de los episodios de El Niño. Sin embargo, puede amplificar los efectos asociados porque los fenómenos meteorológicos extremos, como las olas de calor y las lluvias intensas, disponen de más energía y humedad a raíz del incremento de las temperaturas del aire y del océano.
Respuesta de la OMM
La OMM colabora estrechamente con los Estados y Territorios Miembros a fin de mejorar su capacidad para dar respuesta a los desafíos relacionados con El Niño, en particular en cuanto a la prestación de servicios climáticos, el monitoreo del sistema climático, las actividades de pronóstico y el desarrollo de capacidad.
La OMM publica trimestralmente El Niño/La Niña Hoy, un boletín fruto de la colaboración entre la OMM y el Instituto Internacional de Investigación sobre el Clima y la Sociedad (IRI). En este informe se presenta una evaluación consensuada del ENOS basada en contribuciones de los principales centros de todo el mundo que se ocupan del monitoreo y la predicción de este fenómeno.
La Organización también publica boletines mensuales sobre el clima estacional mundial, en los que se tienen en cuenta las influencias de los demás condicionantes climáticos importantes, como la oscilación del Atlántico Norte, la oscilación del Ártico y el dipolo del océano Índico. El Centro Principal de Predicción Estacional mediante Conjuntos Multimodelos de la OMM elabora estos boletines utilizando los pronósticos de los Centros Mundiales de Producción de Predicciones Estacionales de la OMM. Es importante que las medidas tempranas se basen en pronósticos estacionales que tengan en cuenta la influencia de El Niño y de otros factores.
La OMM patrocina en todo el mundo foros regionales sobre la evolución probable del clima, que se encargan de emitir pronósticos regionales. Los Servicios Meteorológicos e Hidrológicos Nacionales los utilizan para proporcionar productos adaptados a las instancias decisorias de los Gobiernos y a los sectores sensibles al clima.
La OMM apoya activamente a Gobiernos —por conducto de sus Miembros, asociados de las Naciones Unidas y organizaciones humanitarias— y a partes interesadas de sectores sensibles al clima y les ayuda a adoptar medidas de preparación y a proteger vidas y medios de subsistencia. Por ejemplo, el Mecanismo de Coordinación de la OMM ofrece soluciones adaptadas que contribuyen a las iniciativas de preparación y acción temprana de los organismos humanitarios, para lo que recopila información fidedigna de carácter meteorológico, climatológico e hidrológico y recaba el asesoramiento especializado de Miembros y Centros de la OMM.
La predicción y el monitoreo del ENOS contribuyen a hacer realidad el llamamiento del Secretario General de las Naciones Unidas en favor de la iniciativa Alertas Tempranas para Todos.
Preguntas frecuentes — El Niño-Oscilación del Sur: árabe, chino, español, francés, inglés y rusa.